La Luz de la Paz de Belén Jueves, Dic 19 2013 

En la ciudad de Belén, en Cisjordania, hay una basílica Nacimiento_jesus_belen señalando el sitio donde la tradición dice que nació Jesucristo. Es pequeña,sencilla, y ha sufrido incendios, bombardeos, saqueos y visicitudes de todo tipo. En ella, rodeando una estrella de plata que señala el lugar exacto en el que en teoría nació Jesús, hay multitud de lámparas con llamas siempre encendidas. Es con estas llamas con las que empieza nuestra historia de hoy.

En 1986, la ciudad austriaca de Linz, se decidió ir a Belén a recoger la luz de la basílica, enmarcando este peregrinaje en otros muchos actos en favor de los discapacitados que se estaban llevando a cabo en la ciudad.
A partir de 1987, los scouts católicos austriacos deciden tomar la iniciativa en el viaje de búsqueda de la luz…

…y 26 años después esa luz llega a multitud de países del Mundo.

La Luz de la paz de Belén es una de las tradiciones más importantes del escultismo católico. Cada año, un scout austriaco (que haya destacado en la ayuda a los demás) viaja a Belén y recoge la llama de la Basílica de la Natividad. Esa llama viaja de Austria a otros países siguiendo un recorrido de tela de araña: Scouts de diferentes lugares acuden adonde está la luz, con sus lámparas y velas apagadas, y tras una misa en la que esta luz es protagonista, iluminan sus mechas y vuelven a casa con la llama.

Pero no se trata sólo de hacer llegar la llama a grupos scouts de todos los países católicos. La idea es que esta lucecita suponga un poco de esperanza y paz en las fechas navideñas, y que se comparta con todos aquellos que están cerca de nosotros y que la pueden necesitar en sus vidas.

Merece la pena dedicar un momento de reflexión al hecho de que, de uno de los lugares que menos paz ha vivido en toda su historia, venga un símbolo de hermandad tan importante para buena parte de los scouts.

A día de hoy, la luz llega a países con organizaciones scouts católicas en los cinco continentes, y en todos los lugares a los que llega se celebran misas para repartir la luz entre la gente. Una manera especial de celebrar la navidad, o su proximidad, o con tus scouts más cercanos.

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(Si os estáis preguntando cómo es posible que la llama viaje desde Cisjordania hasta la otra punta del Mundo sin apagarse en ninguno de los puntos intermedios… No seais aguafiestas, leñe, que es mucho más bonito decir que se entrega “La Luz de la Paz de Belén” que “La Luz de la Paz del Mechero de Akela”.)

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Sexismo, igualdad y escultismo Lunes, Oct 28 2013 

ImagenCuando uno forma parte del movimiento scout desde niño, aprende algunas cosas porque está programado que se le enseñen, y otras porque las experiencias y los momentos vividos las regalan.
Así, se intenta que los niños y adolescentes que están en un grupo scout aprendan a valorar la naturaleza y el tiempo que pasan en ella, pero muchas veces sin pretenderlo se consigue que vean en ella un consuelo en momentos malos.

Esto mismo sucede con muchas otras cosas, y es el resultado de ser un movimiento educativo basado en experiencias y no en lecciones morales. Cuando pasas 15 días lejos de tu ambiente habitual, con la misma gente y con una rutina determinada, al final te dejan poso muchas más cosas de las que puedes imaginar, y de las que se pretende que te lo dejen.

Según mi experiencia, una de las cosas más importantes en las que el escultismo español influye en sus participantes es la percepción de las personas del otro sexo, y la manera de relacionarse con ellas.
En España, las asociaciones scouts apuestan por una coeducación completa, y chicos y chicas duermen juntos en las tiendas de campaña, hacen las mismas actividades y trabajan como iguales. Ése es el objetivo teórico a conseguir, pero en la práctica los resultados son mucho más ricos.
(Hago hincapié en que hablo del escultismo español, desgraciadamente no es algo que se dé ni se valore en todos los países).

Cuando trabajas durante todo un año con personas de tu sexo y del opuesto preparando proyectos, jugando, aprendiendo… Cuando pasas noches con esas personas, y les ves dormidos, con la boca abierta y babeando sobre el saco, les ves cansados en unas marchas y con ampollas en los pies, les ves llorando porque echan de menos a su madre (de niños) o porque han tenido un desengaño amoroso (de menos niños), les ves decir las mayores burradas, les ves rascarse, eructar, estar sucio de polvo, oliendo mal, despeinado… Su sexo pasa a un tercer plano. Esas personas son tus compañeros.

Además, en la vida diaria del campamento, muy a menudo se erradican los tópicos y los roles de género más habituales: No existe el “chico fuerte que me ayuda a cargar esos troncos”, sino que se le pide a la persona objetivamente más fuerte de una edad determinada, que a menudo, sobre todo en ese momento de la adolescencia en que las chicas doblan en cuerpo a los chicos de su misma edad, es una niña.
Lo mismo sucede con las emociones. Raro es el campamento en el que no llora todo el Mundo. Y nunca se escucha nada en contra de quien llora. Es más, no es raro que los mismos monitores (hombres y mujeres) tengan algún momento de soltar la lagrimilla de emoción, de tristeza o de orgullo. Y se ve como algo natural, porque quince días de convivencia intensa dan para mucho, emocional y físicamente.
Desmitificas mucho al otro sexo. No hay “princesita” que resista 15 días sin agua corriente, rodeada de bichos, vestida con ropa de campamento y recién levantada. Las chicas no tienen presión por estar monas (de hecho no se miran al espejo en más de dos semanas), y aunque haya momentos de la adolescencia en que son coquetas aún en el ambiente scout, la presión no es la misma en absoluto.
Lo mismo para ellos. Les escuchas decir las mayores burradas, y en vez de escandalizarte te unes con una carcajada, y es una sorpresa tanto para ellos como para ti.
Hay una gran naturalidad con el contacto físico: Si estás triste y necesitas un abrazo, simplemente lo das, y no te suele importar el sexo de quien te lo devuelva.

Como resultado, a menudo la gente que ha vivido el escultismo desde niños tienen más facilidad para tener amigos del sexo opuesto sin buscar segundas intenciones. Les es más natural relacionarse con los hombres, o las mujeres, sin plantearse estrategias o posibles futuros afectivo-sexuales, porque están acostumbrados a tratarles como compañeros o amigos.

Es importante resaltar que evidentemente también hay jóvenes homosexuales en los grupos, a quienes esto afecta de manera diferente. También aprenden a relacionarse con el otro sexo, pero al mismo tiempo se ven aceptados y acogidos por lo que son (al menos en la experiencia que yo conozco) e integrados. No me explayo en este punto porque no es el objetivo de esta entrada, pero no quería dejar de mencionarlo.

En el grupo scout sueles hacer amigos de los dos sexos, y no sueles distinguir lo que le cuentas a tu amigo de lo que le cuentas a tu amiga.

Evidentemente, también hay amoríos y culebrones de todos los colores. No olvidemos que hablamos de adolescentes juntos todos los fines de semana del año y 15 días en verano, con las hormonas saturando hasta el aire que respiran. De hecho los amores de campamento son de las cosas más bonitas que hay. Pero están encuadrados en una forma de relacionarse distinta.

Sin embargo, cuando sales ahí fuera, te alejas del ambiente scout y te relacionas con gente que no lo ha vivido nunca, ves que las cosas son diferentes.
Ves que hay chicas que en toda su vida sólo han tenido amigas, y chicos que jamás han pensado en una mujer como algo que no fuera un potencial ligue (a conseguir o a descartar).
Ves que hay hombres que jamás reconocerían que se sienten mal, o llorarían delante de otras personas.
Ves que existe todo un mundo de reglas no escritas para la amistad hombre-mujer que tu jamás te habías planteado y que te resultan bastante ridículas.

Y te das cuenta de que la “normalidad” es eso, y no lo que tú conocías. Y no te suele gustar.

Desgraciadamente, aquí empiezan a surgir conflictos inesperados. Una chica que se relaciona con hombres y mujeres por igual, y que llegado el caso de que saliendo con un grupo le caiga mejor un chico que una chica y se tire hablando con él toda la noche, será con facilidad tachada de “cualquiera”. Si el chico tiene novia, directamente se le tachará de guarra. Y si, por lo que sea, la siguiente vez que salgan se queda hablando con un chico diferente, su reputación quedará arruinada para siempre.
Y la pobre scout no entenderá por qué el hablar con una persona que le cae bien sin más intención que ésa supone tal delito.

Lo mismo sucede en muchos otros casos. La naturalidad con la que tú tienes amigos y amigas, y le cuentas tus cosas a ambos no es la norma, y cuando te llevas bien con alguien del sexo opuesto fuera del ámbito scout, no es raro que esa persona crea que tienes segundas intenciones, o que tenga cierto rechazo a tu amabilidad.

Si tienes pareja, muchas veces no entenderá por qué te llevas tan bien con sus amigos, y en casos de celosos graves podrá enfadarse contigo.

Con el contacto físico es lo mismo. Si un día tienes ganas de un abrazo, o realmente lo necesitas, no será bien visto que lo des o lo pidas a una persona que no sea de tu sexo

Es muy difícil, en una sociedad donde los intereses sexuales mutuos rigen la mayoría de las relaciones entre sexos, pretender verlo y vivirlo con la naturalidad que habías aprendido sin consecuencias sociales desagradables.

Sin embargo, merece la pena. Porque esa visión del Mundo y de las personas te enriquece enormemente, y te permite descubrir a gente increíble sin tener el “pero” previo de “es un chico” “es una chica” “¿qué pensarán de mí?”. Y, a la hora de tener pareja, te encuentras con que careces de tabúes que para otros son tremendos obstáculos: Entiendes que tu pareja se pueda relacionar con gente del otro sexo, y tener amigos, toleras muchas más cosas…

Para mí, éste es uno de los aprendizajes más enriquecedores e importantes de la vida como scout, y nunca agradeceré lo suficiente a quienes me lo facilitaron. Sobre todo al equipo Argentum, que con 14 años me enseñó que ser una chica con cuatro chicos podía ser tremendamente divertido, sin tener la menor carga de tensión sexual.

(Publicado originalmente en El baúl del Buhonero)